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martes, 22 de diciembre de 2009

Los códigos éticos de autorregulación de la industria. Pacientes (I)




Las relaciones entre industria farmacéutica y organizaciones de pacientes no son muy antiguas. Su interés creciente data sobre todo de finales de los años 80 en EE UU, cuando las organizaciones de homesexuales, uno de los colectivos más afectados por la tragedia del SIDA, presionaban a la administración estadounidense para acelerar la llegada de nuevos medicamentos contra el SIDA.
Recordemos que el SIDA apareció en 1981, siendo el VIH identificado en 1983, pero sólo desde marzo de 1987 estuvo disponible el primer medicamento efectivo contra la enfermedad, la zidovudina o AZT. Los colectivos de homosexuales en EEUU gozaban de una buena organización, elevada instrucción y conocimientos, y representantes en muy diversos foros e instituciones, siendo capaces de articular presión sobre las autoridades sanitarias de EEUU.
Este ejemplo fue seguido por otras organizaciónes de pacientes, que de modo semejante, trataban de presionar a los gobiernos para acelerar la aprobación de medicamentos que estaban siendo ensayados por la industria y de los que se tenía conocimiento de su posible efecto positivo.

Esto fue observado con atención por la industria farmacéutica, que consideró desde entonces como un objetivo estratégico el influir en las organizaciones de pacientes. No es de extrañar, entonces, que hoy en la web de Farmaindustria, aparezca de forma inmediata un apartado denominado pacientes. Es algo que ya la poderosa Pharma, la patronal estadounidense del sector, viene haciendo desde hace tiempo.
Esta atención hacia las organizaciones de pacientes, excesiva, según algunos analistas, que critican las subvenciones y desmedidos apoyos que realizan determinadas empresas, ha dado lugar a no pocas críticas, de modo semejante –si bien menos intensas- a las que críticas por los excesivos regalos que destinan a los médicos prescriptores.

Para disimular las críticas recibidas, Farmaindustria se ha dotado de un código ético de autorregulación sobre las relaciones de la industria con las organizaciones de pacientes, dependiente de la Unidad de Supervisión Deontológica de la entidad, y que es similar al desarrollado para controlar las relaciones con los médicos
Sin embargo, nada más examinarlo con un mínimo detalle, causa risa las normas prescritas, que cualquier que conozca el mundillo farmacéutico, sabe que no se cumplen.
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