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martes, 7 de junio de 2016

REFUGIADOS: el ejemplo de Raymond Schinazi, padre del Sovaldi®

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Universidade de Emory (EEUU)



Yo también fui refugiado”. La frase no fue pronunciada tal cual por Raymond Schinazi, fundador de Pharmasset, la empresa que descubrió el sofosbuvir (Sovaldi®), pero sí es cierto que ha hecho declaraciones en tal sentido; en efecto, Schinazi, escapó en los años 60 con su familia de Egipto, y fueron acogidos en un campo de refugiados en Italia.


La anécdota viene a cuento del intenso drama que están viviendo desde hace más de un año los refugiados de Siria y otros países (Irak, Eritrea, Afganistán…) tratando de llegar a Europa huyendo de la guerra y la persecución, pero que se topan con la indiferencia, cuando no desprecio, de la mayoría de los países europeos, ante las penalidades y muertes que les afectan al tratar de llegar a las islas griegas.
Los versados en migraciones sabe que aquellos que huyen de su país suelen ser las personas más decididas, las de mayor capacidad de emprendimiento, mayoritariamente jóvenes, sanas, y que hablan varios idiomas; detalles que no hacen mella en las mentes de nuestros gobernantes, más preocupados por el corto plazo.
Además, la mezcla de poblaciones de diferentes orígenes suele conducir a personalidades lúcidas, que destacan en diversos campos del saber o de la sociedad. Todo esto es despreciado en la mayoría de países de la fortaleza europea, que ni siquiera los acepta para rejuvenecer al envejecido continente. Sí es el caso, en cambio, de Australia, Canadá o Estados Unidos (en ciernes de regularizar a otros cinco millones de inmigrantes), países aún hoy abiertos a la inmigración.

Una vida centrada en los virus: herpes, sida y hepatitis C
Pero vayamos con Raymond F. Schinazi, fundador de la empresa que desarrolló el sofosbuvir el fármaco que ha revolucionado el tratamiento de la hepatitis C. Nacido en 1950 en Alejandría, en ese momento una ciudad cosmopolita, en el seno de una familia de comerciantes judíos de origen sefardita. Tras la llegada de Nasser y la guerra de Suez, con la invasión del Sinaí por Israel y la ocupación franco-británica del Canal, muchos extranjeros son expulsados, y sus bienes confiscados; entre ellos, la familia Schinazi, que con su pasaporte italiano son acogidos en un campo de refugiados próximo a Nápoles. Desde allí, se trasladan a España, donde el padre consigue trabajo en la que sería después importante fábrica de embutidos, en Burgos,.
La familia consigue que el hijo –pese a su condición de sefardita, discriminados frente a los askenazíes, la élite judía- vaya a estudiar becado a Inglaterra; con todo, el joven regresa todos los veranos a España, que recorre de arriba abajo, mientras duran sus estudios de secundaria y después en  la universidad de Bath (Inglaterra), donde cursaría Ciencias Químicas.
Tras completar la tesis doctoral en 1976, se traslada a EEUU, a la elitista universidad de Yale, en cuya facultad de Medicina comienza su formación postdoctoral; lo hace con Bill Prusoff, que descubridor de la idoxiuridina, un análogo a los nucleósidos naturales, y que en 1962, resultaría el primer fármaco eficaz contra el virus del herpes simple; serían los primeros pasos en el campo que marcaría la vida de Schinazzi: la química de nucleósidos.
Pocos años después se traslada a la universidad de Emory, en Atlanta (Georgia), donde se une a su tío materno, André J. Nahmias, reconocido virólogo. Allí, a las investigaciones contra el herpes virus se añadirá la lucha contra el sida al aparecer éste a principios de los 80. Con notable éxito, pues Schinazi participa en el desarrollo de antirretrovirales como estavudina (d4T), emtricitabina (FTC), o lamivudina (3TC), además de otros fármacos contra la hepatitis B. A este arsenal contra el sida deben añadirse combinaciones de las que forman parte los fármacos anteriores, lo que hace que hoy casi el 95% de personas infectadas de VIH hayan sido tratadas con fármacos en los que trabajó  Schinazi.

Investigador y empresario
Pero la identificación, en 1989, del virus de la hepatitis C –hasta entonces “no A no B”- redirige su foco científico a esta enfermedad. Funda a finales de los 90, con otros investigadores, en especial Denis Liotta, la empresa Pharmasset y participa en la creación de otras empresas exitosas como Triangle (adquirida por Gilead), Idenix (adquirida por MSD), o RFS Pharma (fusionada en 2014 con Cocrystal Pharma). Schinazi, como director de Pharmasset, contrata investigadores (entre ellos a Michael Sofia, titular de la patente del sofosbuvir, o James Clark, descubridor del metabolito activo), dirige el programa científico de la empresa, busca financiación… que rinden su fruto el 6 noviembre 2011, cuando se presenta el ensayo clínico de fase III del PSI-7977 -hoy sofosbuvir- en 40 pacientes con hepatitis C, y causa conmoción en el congreso médico AASLD 2011 al obtener tasas de curación del 100%.
Justo 15 días después, Gilead, con sede en California, adquiere por 11.200 M de dólares (de los cuales Schinazi percibe 440) la empresa Pharmasset, poseedora de las patentes del nuevo antiviral de acción directa. En diciembre de 2013 la FDA aprueba el Sovaldi® para el tratamiento de la hepatitis C crónica, y su comercialización se extiende más tarde al resto del mundo.
Lo que sigue, con el debut del fármaco más exitoso de la historia (sólo en el primer semestre de 2014, Gilead facturó 5.800 millones de dólares) y el escándalo de su elevadísimo precio -84.000 $ en EEUU para un tratamiento de 12 semanas, o lo que es lo mismo, 1.000 dólares por comprimido, y precios más bajos en el resto de países-  ya es ajeno a Schinazi. De hecho las protestas de pacientes, gobiernos y ONG como Farmamundi, que lucha contra los abusos de las patentes, se dirigen contra Gilead y su política de precios.
Por su parte, Schinazi hoy está centrado en conseguir que su empresa Cocrystal Pharma tenga un éxito similar al de Pharmasset con el Sovaldi®, pero en el ámbito de la hepatitis B, en ejercer labores filantrópicas y en practicar la pesca deportiva en Florida.

Schinazi recuerda a la diosa Fortuna, que le sonrió en España con la lotería, con la que ganó el equivalente a 3.000 libras; pero de nuestro país agradece  el haber acogido a su familia en los años 60, lo que les permitió llevar una vida digna y progresar cuando eran una simple familia de refugiados, como esos a los que hoy nadie quiere.

(artículo publicado por Xosé Mª Torres, farmacéutico comunitario y miembro de Farmamundi en el número 416, de mayo 2016, de la revista FARMACÉUTICOS, del Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos).

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